Gestionar con máxima eficiencia delegando autonomía y responsabilidad: definir el “qué” y liberar el “cómo” sin ambigüedad
Delegar no debiera consistir simplemente en definir tareas y señalar objetivos sobre los cuales pedir rendición de cuentas. Debe ser una decisión más profunda acerca de cómo distribuir la inteligencia, la autoridad y la responsabilidad dentro de una organización. Cuando quien lidera define el resultado esperado, el horizonte temporal y los límites relevantes, pero permite que el equipo construya el método, habilita algo más valioso que la mera ejecución: incorpora a la solución el conocimiento de quienes están cerca del problema. Por el contrario, cuando prescribe cada paso, obtiene una sensación tranquilizadora de control a costa de empobrecer el criterio disponible, volver rígidas y limitadas a las soluciones y enseñar obediencia en donde es más necesario el pensamiento. La fórmula «el líder define el “qué” y el equipo decide el “cómo”» expresa bien esa idea, aunque su sencillez puede resultar ambigua. El “qué” no equivale simplemente a un objetivo numérico, y el “cómo” tampoco...