El hambre de sentido, la soberbia de los modelos y la política de las explicaciones
Resulta difícil tolerar una realidad que no ofrece sentido inmediato. Desconcierta, angustia y enoja. Frente a lo inesperado, surge casi de manera automática la necesidad de encontrar una explicación. Frente a la incertidumbre, aparece la urgencia de ordenar, nombrar, encuadrar. No se trata de un rasgo secundario, sino de una disposición profundamente humana. No habitamos la experiencia sólo a través de hechos, sino a través de interpretaciones. La vida social, organizacional y política transcurre sobre marcos de sentido que permiten reducir ambigüedad, estabilizar expectativas y orientar la acción. Esa necesidad de significar la realidad cumple una función decisiva. Sin algún tipo de estructura interpretativa, actuar sería mucho más difícil. No habría criterios claros para decidir, priorizar o anticipar consecuencias. Pero la misma operación que vuelve el mundo habitable, también puede deformarlo. Un marco que inicialmente sirve para orientarse puede terminar endureciéndose hast...