Datos, información y marco interpretativo
Pocas cosas son tan prestigiosas en gestión como los datos. Se los invoca como garantía de objetividad, como antídoto contra la arbitrariedad y como base indiscutible de la buena decisión. Ahí donde regía la intuición y la opinión —con su correspondiente sesgo—, parece posible reemplazar todo por evidencia. Bajo esa promesa, una organización mejor gestionada sería, simplemente, una organización más informada. Pero esa idea, aun siendo parcialmente cierta, es insuficiente. No porque los datos no importen. Importan, y mucho. El problema es creer que el dato trae consigo su propio sentido. Que ver equivale a comprender. Que disponer de información asegura criterio. Que una organización que mide mucho necesariamente entiende mejor lo que le ocurre. No es así. Los datos no tienen capacidad interpretativa. Registran, pero no explican. Señalan, pero no orientan por sí solos. Muestran diferencias, variaciones, ocurrencias, frecuencias. Pero no dicen qué significan, qué lugar ocupan dentr...