Entradas

Mostrando entradas de noviembre, 2025

Actitud mata aptitud

Imagen
En los procesos de contratación, la evidencia suele converger en un principio que se repite casi como una regla empírica: la actitud supera a la aptitud . La afirmación no implica, desde luego, que cualquier persona pueda desempeñar cualquier función únicamente desde la buena voluntad. Pero la formación técnica se adquiere, el carácter, en cambio, constituye un sustrato rígido, difícil de modificar y decisivo en la vida de los equipos. La toxicidad no es un problema menor: es un problema estructural Pocas fuerzas degradan tanto a una organización como la toxicidad interpersonal. Hay individuos —a veces sin intención, otras con plena conciencia— capaces de erosionar la confianza entre los miembros del equipo y contaminar la percepción de lo que es posible construir en común. Y la confianza es uno de los activos más valiosos y frágiles en cualquier proyecto humano. Cuando se fisura, se resiente todo el entramado. Cuando se pierde, arrastra consigo incluso diseños y planes técnicamente i...

¿Debe un líder expresar enojo?

Imagen
En el mundo corporativo hemos creado una ficción peligrosa: la del líder siempre equilibrado, neutro, perfectamente controlado. Un maniquí emocional. La realidad es otra. Toda organización es un sistema vivo, y en un sistema vivo las emociones cumplen una función: informan, orientan, regulan. La cuestión no es si un líder puede o debe expresar enojo o frustración, sino para qué lo hace. Hay momentos en los que callar es negligente. Cuando se vulnera un límite ético, cuando un estándar crítico se deteriora, cuando la “normalización de la desviación” anestesia al equipo… un golpe emocional —breve, claro, enfocado— puede ser necesario para reorientar el sistema. No se trata de una descarga personal, sino de marcar un quiebre que la organización necesita percibir. Pero también hay un riesgo real: el enojo usado como válvula de escape. Cuando la emoción del líder se vuelve impredecible, excesiva o frecuente, deja de ordenar y empieza a erosionar la trama conversacional, inhibe la creati...

Cuando el ego conduce, nadie gana

Imagen
Gestionar los egos —propio y ajenos— desde un liderazgo integrador En toda conversación el ego está presente. Se sienta a la mesa, aunque no se lo invite. A veces, disfrazado de convicción; otras, de dignidad o de razón. Y es natural que así sea: el ego no es un enemigo que eliminar, sino una estructura necesaria que sostiene nuestra identidad. Pero cuando toma el mando de la conversación, desplaza la búsqueda de sentido por la necesidad de prevalecer. Entonces, ya no se conversa para compartir o resolver, sino para ganar. Y cuando el objetivo es ganar, el conjunto pierde. El ego como estructura necesaria Toda identidad necesita un “centro de gravedad” que le dé coherencia. Eso es el ego: un mecanismo psíquico y social que organiza la percepción, otorga continuidad a la experiencia y permite actuar en el mundo con una mínima sensación de control. El problema no es tener ego, sino quedar atrapados en él. Un liderazgo integrador no busca disolver los egos, sino reconocerlos, legitimarlos...